Fluído Manchester.

Entre medio de un combustible ácido como Derrida, dónde se lee lo que quedó afuera, un poema de Casas para limpiar la mente, un vaso de agua para calmar la astringencia de un vino maderoso.

Un plástico transparente

Abrí la puerta y te estabas bañando.
Los vidrios empañados, el ruido del agua
detrás de las cortinas,
las cosas esenciales instaladas
fuera de la razón.
Me llamaste, acercaste la cara
y nos besamos a través del plástico
transparente: fue un instante.
Las parejas y las revistas literarias
duran casi siempre dos números.
Sin embargo, de a poco,
le fuimos ganando terreno al río:
días interminables en los que el caos
tomaba tu forma para envolverme mejor.

Y después volver a pintar.