Nietzsche, una introducción 1.


Después de leer al alemán tantas veces en mi cuarentena vida empiezo a entender algo de sus tormentas de ideas. A mis manos ha llegado una introducción de Gustavo Varela, que lo pone a Nietzsche en la puerta de salida de la filosofía edificante y conceptual y lo sienta junto al piano estrábico de Wagner para comprender desde la música este vacío contemporáneo. Hay más verdad en un si bemol que en las palabras.
Leo :

¨ El arte y la verdad tienen el mismo origen y acaso la misma voluntad de dominio, sólo que en el primero el hombre asume la responsabilidad y el riesgo de ser el que es, que no es más que la tormenta a la que conducen sus instintos y frente a la cual no tiene dónde resguardarse. La ciencia, en cambio, ofrece la quietud familiar de sus teorías, de sus postulados, de un mundo cuadriculado y vacío en el que no hay ningún peligro, porque allí no hay vida sino cadáveres conceptuales ¨

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Dibujo y amor.


A veces un dibujo puede transmitir todo el amor que creía lejos. El dibujo de arriba es el que hicieron los enfermeros del hospital a mi hijo, está pegado en una incubadora a modo de rótulo, después de Mateo dice Cuestas, y eso es mucho.
Mucho es ser padre, son dos y me rebalsa de amor.

Fluído Manchester.

Entre medio de un combustible ácido como Derrida, dónde se lee lo que quedó afuera, un poema de Casas para limpiar la mente, un vaso de agua para calmar la astringencia de un vino maderoso.

Un plástico transparente

Abrí la puerta y te estabas bañando.
Los vidrios empañados, el ruido del agua
detrás de las cortinas,
las cosas esenciales instaladas
fuera de la razón.
Me llamaste, acercaste la cara
y nos besamos a través del plástico
transparente: fue un instante.
Las parejas y las revistas literarias
duran casi siempre dos números.
Sin embargo, de a poco,
le fuimos ganando terreno al río:
días interminables en los que el caos
tomaba tu forma para envolverme mejor.

Y después volver a pintar.

Cézanne y la electricidad oculta.


Queria escribir como pintaba Cézanne. Cézanne empezaba por emplear todos los trucos. Luego los descomponía todo y construía la obra de verdad. Era un infierno….Quería….escribir sobre el campo de forma que quedase plasmado como había conseguido Cézanne con su pintura…Le parecía casi un deber sagrado.
Estaba aprendiendo de la pintura de Cézanne algo que hacía que escribir simples frases verdaderas no fuera suficiente, ni mucho menos, para dar a los relatos la dimensión que yo quería darles. No sabía expresarme lo bastante bien como para explicárselo a nadie. Además era un secreto.

Hemingway

El tono es algo que trato de percibir de la vida y la gente como lo percibo en el arte, a esta altura hay ciertos que no tengo ganas de compartir.

Amarillo de Vincent y Theo.




Lo mejor del cine actual se hace en tv, hay más celuloide, culto y calidad en Mad Men, The Wire, Lost, Los Soprano o The Game of the Thrones que en las descafeinadas producciones de un Allen mochilero , un Eastwood del arte de vivir o un Scorsese de bajón.
Una nueva narración dispara la caja boba, a través de Mad Men se podría trazar un mapa de la mejor literatura norteamericana y la estética , ya el diario de Draper es un guiño al de Cheever.
Todo esto de la tv me viene cuando intento pensar y escribir mis impresiones de la encantadora y amarga película de Ana Katz ¨ Los Marziano ¨.
Al igual que la local Decaravana, Los Marziano siempre está al borde, pero no caen nunca, ambas reflejan un cierto costumbrismo televisivo que se actúa y se sostiene con lo físico y un humor que en el caso de Katz es amargo y se construye muy lentamente casi con nada de cariño, como la hermandad de grande.
Esa luz de tv que ilumina todo, que vuelve artificial lo más natural, esos cuerpos que no paran de moverse, esos amarillos que irradian alegría y horror al mismo tiempo podrían ser cualquier pintura de Gorriarena.
Emoción en estado puro, radicalismo dónde nada sobra y todo despierta miles y miles de interpretaciones, Katz al igual que Szifrón filman el mejor cine televisivo.
Un post aparte para el pozo y las inmensas actuaciones de Cortese, Puig, Francella y Morán.

Pron en casa.

Podría escribir hasta el aburrimiento mío y de ustedes del exquisito diseño de cubierta de este libro, de sus marrones y ocres tensionando al carmín, de su pequeño y rotundo dibujo, del ritmo casi blusero de las mayúsculas y minúsculas. A continuación un poco de Pron, del cuento ¨El estatuto particular ¨ :


¨¿ Qué le sucede ? ¨, se pregunta ella a veces. Ella piensa que él es como un edificio de oficinas en el que las luces se apagan lentamente, de una en una, cuando los empleados se retiran, y luego viene el guardia nocturno y apaga las que quedan y tal vez sólo quedan las de los pasillos, encendidas como las de una pista de aterrizaje poco antes de un accidente. Ella piensa que él necesitaría otro trabajo y otro corte de cabello, que deberían irse de viaje o leer más. Ella compra un libro de Fiódor Dostoievski que él nunca lee. El es parte del cuarenta y uno por ciento de la población alemana que no ha leído ni un solo libro en los últimos tres meses, piensa ella. Ella piensa que tiene que pensar en algo.

Leo ¨ Las ideas ¨, el cuento que abre ¨El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan ¨ y me recuerda al Fresán corto, el bueno, el que escribió el Aprendiz de Brujo, el que deslumbra acá y no el largo que snobean en la madre patria de las tortillas de papa babé. Un libro de cuentos con ruido de fondo de Alemania que alegóricamente cita y nos cita.

“el pequeño Peter no iba a regresar esa noche a casa, ni las noches siguientes, y que algo que era incomprensible y daba miedo iba a abrirse frente a él y al resto de los habitantes del pueblo en los días siguientes, y aun después, y se lo tragaría todo”

“Esa noche o la siguiente el resto de los niños regresó a sus casas. Ninguno de ellos parecía estar lastimado, ninguno de ellos parecía tener un hambre inusual, haber pasado frío o estar enfermo. Ninguno habló nunca sobre su desaparición o lo que había hecho durante ella. El pequeño Peter nunca explicó a nadie qué lo había llevado a huir de su casa durante esos días y quizá tampoco haya podido explicárselo nunca a sí mismo”

Poder expresar esa densidad perfecta y fugaz de un buen cuento es la tarea que le ordeno a mis pinceles y sus colores, nacer y morir en un paréntesis, haber alcanzado ese pulso, esa métrica, esa lírica.