cocina para impostores.

recetas del gran falsarius desde su blog,hoy ACELGAS MANIACO DEPRESIVAS.

Qué lástima me doy. Pero después del gozoso exceso de los Borrachitos del Sur, la cuaresma gastronómica ha invadido mi cocina. “Sustine et abstine” (soporta y abstente) que decían los romanos (los antiguos, no los de Berlusconi, claro). Heme pues aquí enfrentado a unas tristes acelgas que me miran mohínas y taciturnas, como no podía ser menos. Nacer acelga es lo que tiene. No hay que tener dotes de adivino para saber que siendo acelga nunca vas a ser el alma de las fiestas, no van a darte la mejor mesa en los restaurantes, ni dejarte entrar sin esperas en las discotecas de moda. Por no dejarte entrar, no lo harán tampoco en ese selecto y molón grupo de los alimentos prohibidos, de los guapos, de los que engordan y colesterolizan. De esos por los que todo el mundo pierde la cabeza y que los médicos te prohíben con sonrisilla entre suficiente y cabronzuela en cuanto asomas la jeta por su consulta. No, siendo acelga ni eso. Ser acelga es un asco, sobre todo descubriendo, al releer lo escrito, que mi vida y la suya se parecen tanto.

Ingredientes: 1 bote de cristal de acelgas, 1 bote de patatas cocidas, 1 lata de lomos de sardinas CUCA, 2 dientes de ajo, aceite de oliva, vinagre de módena, sal.
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Preparación: para que las acelgas estén ricas (dentro de sus modestas e hipocalóricas posibilidades) va a ser importante el tratamiento previo. En una cazuela con agua (no mucha) y un poco de sal ponemos cuatro o cinco patatas de bote a hervir durante un par de minutos para que se “desboticen” y cojan un sabor más natural, como hacemos habitualmente. Pero esta vez, casi al final, vamos a añadir el contenido del bote de acelgas bien escurrido de su líquido, para que experimenten el mismo y beneficioso efecto “desbotizador”. Las acelgas poco tiempo, un hervor bastará. Escurrimos todo bien y reservamos. En una sartén amplia ponemos un poco de aceite. Cuando esté caliente, añadimos los dos dientes de ajo picado. Cuando veamos que empiezan a dorarse, añadimos las patatas y las acelgas que teníamos reservadas y las salteamos con el ajo, añadiendo un poco de sal. Las ponemos en un plato regadas con un hilillo de aceite rico y le ponemos por encima un par de lomos de sardinas (que están estupendos, por cierto) que podemos haber hecho un segundo a la plancha vuelta y vuelta con un pelín de sal gruesa. Unas gotas de vinagre de Módena acabarán de redondear la faena y le darán un toquecillo de lo más apetecible. Oye, luego te lo comes y la depresión no era para tanto.

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